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León Cultural
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Plaza Mayor

Es de planta trapezoidal, debido a las irregularidades del terreno, de las casas adyacentes y de un incendio que asedió la zona. Se construyó en dos fases, la primera hasta 1672, con trazas del padre Antonio Ambrosio, y la segunda en 1677, según los planos de Francisco del Piñal. Su inspiración proviene de otra plaza mayor cumbre del Barroco español, la de Valladolid. La plaza, toda ella porticada gracias a arcos de medio punto sustentados por pilares de piedra, goza de un ritmo constante, donde luz y sombra se alternan.

Presidiendo el entorno está el edificio del Consistorio, también obra de Francisco del Piñal, en cuya construcción colaboraron Simón de Vayas y Pedro del Hoyo. Se trata de una fábrica netamente barroca, donde además de destacar molduras y una apariencia netamente palaciega; muestra una clara cercanía con lo Herreriano.

El edificio del Consistorio se sigue llamando así, aunque durante poco tiempo fue tal. Fue cuartel militar, escuela pública, archivo municipal, casa de socorro, almacén y, hoy en día, es sede de la Junta de Semana Santa y Taller Municipal de Artes Plásticas.

En este enclave, se lanzó el primer grito de guerra en León contra la dominación francesa en el año 1810. Inolvidable para muchos leoneses y visitantes, es presenciar durante la Semana Santa, en la procesión de los Pasos el mítico Encuentro, que se celebra en la mañana del Viernes Santo en este entorno tan especial. Esta procesión está declarada de Interés Turístico Internacional.


Palacio del Conde Luna

De su fachada medieval, se mantiene la puerta realizada en piedra, donde destaca un balcón en forma de galería, formado por tres arcos de medio punto sobre columnas de mármol con capiteles corintios, y enmarcado a su vez por una un arco de ojiva. Esta portada, de estilo gótico mudéjar, aún conserva los escudos de las dos familias nobiliarias que patrocinaron su construcción: los Quiñones (central) y los Bazán (laterales). La puerta se abre a nosotros por medio de un arco apuntado u ojival, típico de este estilo. Del siglo XVI, se conserva el torreón, de tres pisos y estilo renacentista, en el que destaca su fisonomía almohadillada, realizada con sillería y tableros de pizarra de color verde. Rompiendo esta monotonía, ventanas rodeadas de decoración frutal.

El edificio ha pasado por muy diversas vicisitudes a lo largo de los siglos, dándole diferentes usos. Uno de los más famosos es que fue sede del Tribunal de la Inquisición.

Como muchos de los edificios de la ciudad de León, fue declarado Monumento Histórico en 1931. En la actualidad, se utiliza como sala de exposiciones después de haber sido sometido a una importante restauración.



Palacio de los Guzmanes

El palacio es de planta trapezoidal en torno a un patio interior. Lo más destacable es su fachada principal, con un carácter netamente horizontal y dividida en tres cuerpos: el más bajo de todos con ventanas de medio punto enrejadas, el segundo cuerpo, con ventanas rectangulares rematadas con frontones triangulares, la más cercanas a la puerta, y semicurvos los de cada uno de sus lados; finalmente, en la parte superior, se abre una galería o logia, típicamente italiana, en la que se separan los vanos por pilastras corintias, dando mayor ligereza al conjunto. Sobre la logia, dotando al composición de cierto carácter protector y con una clara funcionalidad arquitectónica, un conjunto de gárgolas.

La puerta del palacio está descentrada, muy al gusto de la tradición hispana, ofreciendo de esta manera una mayor privacidad. Dicha puerta, se abre a nosotros por medio de un arco de medio punto clásico, enmarcado por columnas jónicas. Sobre él un balcón destacado por un frontón triangular, flanqueado por dos guerreros, que portan los blasones de los Guzmán.

La fachada sur, que da a la calle Ancha, es aún más clasicista que la anterior. Se atribuye a Juan del Ribero Rada y en ella es de destacar la originalidad de sus ventanas en esquina y la portada que se abre a la calle del Cid.

Cuando entramos al interior del palacio a través de un zaguán, lo primero que advertimos es un espléndido patio, en el que destacan un primer nivel de arcos escarzanos sujetos por columnas jónicas, aportando robustez a la edificación, y un segundo nivel en el que apoyan arcos carpaneles sobre columnas corintias, y cuyos vanos están cubiertos con vidrieras. Finalmente, el conjunto es rematado por gárgolas.

En el año 1602, se hospedaron en él los reyes Felipe III y Margarita de Austria. Fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 1963.


Colegiata de San Isidoro

Edificio románico con planta de cruz latina de tres naves cubiertas con bóveda de cañón, cabecera triple con transepto y sin cimborrio (la bóveda de cañón continúa en este tramo). En las naves laterales, encontramos bóveda de arista. El ábside central es gótico, obra de Juan de Badajoz el Viejo (1513), mientras que los laterales son románicos, con bóveda de horno. Los arcos que separan las naves son de medio punto peraltados, esto quiere decir, que son más altos de lo habitual, dando pues a la nave central cierta envergadura. Como elemento de mestizaje cultural, vemos en los dos arcos que separan el crucero, arcos polilobulados típicos del arte musulmán, que también aparecen en otras partes del edificio.

En relación a la decoración interior, destacan los capiteles, algunos de gran simbolismo clasicista y otros de gran belleza natural, y la luz blanca inmaculada, que inunda el espacio gracias a los grandes ventanales, además del taqueado jaqués, característico de este arte.

A los pies del edificio destaca el Panteón Real, que empezó a construir Fernando I y continuó bajo el patrocinio de Doña Urraca.

San Isidoro es un edificio que se concibió en dos alturas: la parte más alta como Tribuna Regia, desde la que los monarcas acudían al culto, y la inferior como panteón, en el que están enterrados sus padres Fernando I y Doña Sancha, sus hermanos Elvira y García, y ella misma.

El Panteón de San Isidoro es de forma cuadrada y se divide en 6 tramos. En él, destaca la pintura mural románica del siglo XII, en la que predominan los tonos rojizos y ocres, aunque también podemos ver verdes y azules. También de gran interés son los capiteles de temas vegetales e historiados, como la Curación del Leproso o la Resurrección de Lázaro. En la pintura mural, se representan con un estilo soberbio escenas bíblicas del Nuevo Testamento como la Adoración de los pastores, Cristo Magestad (Maiestas Domini) con los Tetramorfos (imágenes simbólicas de los cuatro evangelistas) o la Santa Cena y escenas profanas, como el famoso calendario agrícola.

Las puertas de acceso al templo están decoradas profusamente y se ubican en la fachada sur de la iglesia. La puerta del Cordero es la que da acceso actualmente al interior del recinto y en ella se pueden ver a modo de mosaico, casi como si las piezas hubieran sido esculpidas aparte para ser adheridas a la superficie, escenas como la del tímpano, que representa el Sacrificio de Isaac y sobre éste, la imagen del Cordero Místico sujetado por dos ángeles, o las efigies que decoran las enjutas del arco, como la de San Pelayo, antigua advocación del templo, San Isidoro, nueva advocación, y figuras del zodiaco. En todas ellas, se aprecia un hieratismo de trazos dulces y siluetas redondeadas.

La puerta del Perdón es la que da acceso a la iglesia por la parte del crucero, es decir, donde se cruzan la nave longitudinal con la transversal. Se la dice del Perdón porque era la entrada utilizada por los peregrinos en su camino a Santiago, donde alcanzaban las indulgencias por realizar el camino. En ella, se representa un tímpano dividido en tres escenas que se cuentan por este orden: Ascensión de Cristo, Descendimiento y las tres mujeres ante el sepulcro, y en las enjutas las imágenes de los santos San Pedro y San Pablo. En el dintel, aparecen dos efigies: una de perro y otra de león, de carácter apotropaico. Se cree que el artista que pudo trabajar en estas portadas era el maestro Esteban, conocido por su trabajo en la fachada de Platerías de Santiago de Compostela. Teniendo en cuenta que los artistas en aquella época viajaban trasladando tendencias y manufacturas, es probable que también trabajase en San Sernin de Toulouse, puesto que comparar estos tres edificios es inevitable.

El retablo de San Isidoro es de estilo gótico, compuesto por 24 tablas de pintura, atribuidas al Maestro de Pozuelo. A pesar de que en origen estaba en Pozuelo de la Orden (Valladolid), se trajo a San Isidoro en 1920. En él, trabajaron Andrés de Melgar y Antonio Vázquez.

La custodia de plata que se conserva en el altar mayor es de M. García Crespo y bajo ésta, en un lugar dominante, está la urna con los restos de San Isidoro, realizada por el platero leonés Antonio Rebollo en 1847.

El museo, también conocido como tesoro, se ubica en la antigua Tribuna Regia, es decir, en el antiguo palco donde los reyes acudían al culto religioso, además de en gran parte de la torre campanario que se sitúa a los pies del panteón. En este recinto, se pueden encontrar las piezas que formaron parte de ese ajuar, que los reyes Fernando I y Doña Sancha donaron al templo. Destacan entre todas ellas el Pendón de Baeza, la arqueta de San Isidoro y como no, el cáliz de Doña Urraca, confeccionado con dos piezas de onix unidas por un nudo central de oro decorado con filigrana, granulado y cabujones con piedras preciosas, y recientemente identificado como el Santo Grial.

También de gran valor es la biblioteca de San Isidoro, en la que se guardan más de 30 incunables, libros raros, 800 documentos en pergamino, 150 códices y tesoros de documentos hispánicos. Sobre todos ellos, la Biblia mozárabe del siglo X.

Cuentan las crónicas que el gran impulsor de esta fábrica, el rey Fernando I, antes de morir, cuando ya sabía que su hora estaba próxima, decidió hacer como hacen los caballeros, antes de la batalla, es decir "velar armas", una vigilia que en este caso duró días, despojado de todas sus riquezas y regalias, para expiar todos sus pecados como hombre. Enclaustrado en San Isidoro, esperó el perdón divino en la más absoluta soledad y recogimiento, esperando la muerte y su reencuentro con sus creencias más profundas.

Del Pendón de Baeza, obra textil del siglo XIV, que se custodia en el tesoro de San Isidoro, cuenta la tradición que fue bordado en el propio campo de batalla, en la Batalla de Baeza, aunque esto no es cierto, puesto que fue una rendición pactada. Representa a San Isidoro, guerrero a caballo con espada y cruz, tal y como se apareció en el campo de batalla a los cristianos para auxiliarlos contra los musulmanes.

La veleta original en forma de gallo de la torre se encuentra en el museo, la que actualmente corona la torre es una réplica.


Murallas romanas

La muralla leonesa tiene aproximadamente unos cinco metros de espesor y unos ocho metros de altura. El principal material de construcción de la muralla es la mampostería, realizada mediante cantos rodados de río de grandes dimensiones y argamasa, que servía para unirlos. En algunos cubos de muralla, se pueden ver lo que se conoce como mampostería en verdugadas, esto es, un modo de construir donde se alternan la mampostería con hileras de ladrillo. Se conocen cuatro de sus antiguas puertas, dos de ellas muy famosas, la llamada Puerta Castillo, cercana a San Isidoro, que aún se mantiene en pie aunque es una reconstrucción del siglo XVIII, y la llamada Porta Principalis o Sinistra, hoy conocida como Puerta Obispo, de la que queda un vestigio al lado de las termas, en la cripta arqueológica, lindando con la Catedral.

La muralla continúa en la calle Serradores donde nos encontramos con otro elemento bien conservado de la época romana, la Torre de los Ponce, llamada así por su propietario el Conde Don Ponce de Minerva. Cerca de la llamada Puerta Castillo, la noche de Jueves Santo, se celebra por las calles del Barrio Húmedo el conocido como "Entierro de Genarín", en conmemorización a la muerte de este peculiar leonés, que fue atropellado por el primer camión de la basura de la ciudad. Todos los años, se le ofrenda en lo alto queso, pan, naranjas, una corona de laurel y una botella de orujo.


Iglesia del Mercado

Se trata de un templo de planta de cruz latina de tres naves, destacando la nave central más alta y ancha que las laterales. La cabecera era triple, con ábsides semicirculares, de los que sólo se conservan los laterales, pues el central es posterior. Especialmente interesantes son los modillones y ménsulas de los ábsides, que representan elementos fitomórficos y antropomórficos, entre ellos un obrador de pan. La iglesia del Mercado cuenta con una decoración típicamente románica, con bolas y taqueado o ajedrezado jaqués.

De gran interés son las marcas de cantero, que pueden verse en capiteles y modillones, relacionando la iglesia del Mercado con otras como San Isidoro, Santa María de Arbás o Santa María de Tera, esta última en Zamora.

Entre los siglos XIV y XV, se remozan los arcos de las naves laterales, haciéndolos al estilo gótico. Además, se reforman la capilla mayor y el campanario. Asimismo, durante el Renacimiento se construyó la torre obra de Felipe de la Cajiga.

En el año 1740, se construye un camarín tras el altar mayor, obra de Manuel de la Lastra Alvear, al que se le añaden posteriormente unas pinturas murales.

La iglesia del Mercado sufre una importante obra de restauración y cambios durante el siglo XIX. Se conservan en su interior unas interesantes inscripciones funerarias de familias nobles como los Garavito, Condes de Rebolledo o Cabeza de Vaca.

Su construcción parte de la leyenda de la aparición de una figura de la Virgen entre unas zarzas. En conmemoración a este episodio, se construye la iglesia, además de una cruz, que marca el lugar exacto donde se encontró.

Nada más traspasar su entrada, se puede ver en este espacio parecido a un nártex o portal, suspendido en el techo, una maqueta de un barco. Posiblemente, se trate de un exvoto.

San Marcos de León

La Iglesia es de planta de cruz latina y está confeccionada bajo el estilo gótico tardío, debido a que en España, el gótico es un estilo que se mantiene en edificios religiosos con un apego que se prolonga hasta el finales del siglo XVII, por ello, aunque la planta de la iglesia sea de una sola nave, seguimos encontrando bóvedas de crucería, eso sí, más complicadas que las bóvedas de crucería simple, llenas de terceletes (líneas diagonales que se unen a las claves) y combados (formas curvas uniendo las claves de la bóveda). En el caso de San Marcos, la bóveda central se sustenta gracias a las capillas laterales, que funcionan de contrapeso, y mediante los contrafuertes que las separan. El altar mayor se encuentra separado del resto de la iglesia por una rejería. En el crucero, se abren las puertas que dan acceso al claustro y a la sacristía.

De la fachada de la iglesia, destacan dos estilos que conviven: en la parte de la puerta, aún se ejecuta una decoración propia del Gótico, con pináculos y hoja de cardo, cohabitando con un arco de medio punto más propio del clasicismo; en la base de las torres (la de la izquierda inacabada), los relieves ya cuentan con un estilo totalmente renacentista, como se aprecia en la Crucifixión y el Descendimiento, obras del artista Juan de Juni.

De la parte civil destaca la fachada del siglo XVI, dividida en dos cuerpos: la parte inferior, que alterna ventanas con arcos de medio punto y hornacinas separadas por pilastras, todo ello decorado con grutescos; el cuerpo superior, con balcones y hornacinas, separados por columnas abigarradamente decoradas, rematando la obra con una crestería.

En el zócalo y fruto de ese rescate de elementos paganos referentes a la cultura clásica grecolatina, observamos medallones decorados con las efigies de personajes históricos, legendarios y mitológicos famosos, como Alejandro Magno, Cleopatra, Hércules, Julio César, el Cid, Isabel la Católica o Carlos V, entre otros. Bajo cada ventana de la parte inferior, cabe mencionar los medallones con la cruz característica de la orden de Santiago, orden que regentaba el convento.

Mención especial hay que hacer de la puerta principal. En ella, prima la verticalidad, dividida en tres cuerpos. En el inferior, se abre la puerta, compuesta por un arco de medio punto enmarcado por dos columnas jónicas de orden gigante. Destaca tímidamente en la clave del arco (es decir, en la dovela central), la imagen de San Marcos Evangelista, sentado en su pupitre escribiendo. Esta es la única la referencia al titular del edificio. Resulta curioso este detalle, puesto que el mayor protagonismo de esta fachada lo tiene el relieve del Apóstol Santiago "Matamoros" a caballo, ubicado sobre el vano de la puerta. De ahí la importancia y el poder que poseía la orden de Santiago y la finalidad que tenía el edificio como hospital de peregrinos.

Sobre unas pequeñas ménsulas con atlantes se erige el segundo cuerpo, en el que se abre un bello balcón decorado con una poderosa moldura y flanqueado por dos columnas corintias de orden gigante. Sobre el balcón, el blasón de la orden de Santiago. Destacan también las imágenes de cuatro mujeres que se ubican entre las columnas de ambos cuerpos. Son cuatro virtudes: en la parte inferior, la fortaleza, que sostiene una columna rota, y la caridad, que sujeta a dos niños pequeños; en la parte superior, la justicia, con la espada, y la templanza, con un cáliz. Para finalizar con la puerta, sobre el segundo cuerpo, se levanta una peineta con el escudo imperial de Carlos V, envuelto por el Toisón de Oro custodiado por unas volutas. Sobre el escudo del emperador, un hermoso rosetón calado decorativo. Coronando toda la obra, la escultura de la Fama. Del resto de la fachada, obra barroca, apenas decir que se trata de una imitación en el estilo de la primera parte, para no romper la estética del edificio y mantener una unidad estilística. Es cierto que esta parte no tiene la calidad de la primera, pero no por ello pierde importancia, puesto que su función es la de dar simetría al edificio y completarlo.

Con respecto al claustro, se comienza a construir en el siglo XVI, pero no se finaliza hasta dos siglos más tarde, es decir, en el XVIII. Importantísimo señalar como imprescindible el relieve que se encuentra en el tramo del siglo XVI y que representa una Natividad, obra de Juan de Juni, quien plasma perfectamente los diferentes planos de la realidad, lo que se conoce como sciachiato, es decir, las figuras más cercanas a nosotros son más grandes y voluminosas que las del fondo, lo que crea una perspectiva real de la escena. Un elemento que el visitante no debe perderse es el coro, que se ubica en la parte de los pies de la iglesia y cuyo acceso es por el interior del edificio. Construido en madera, fue realizado por Guillermo Doncel, que confecciona la parte baja, Juan de Juni y Juan de Angers, discípulo de éste, que realizan la parte alta.

Por último, si analizamos la obra de San Marcos de León haciendo hincapié en su fachada, nos daremos cuenta que se puede hacer una lectura minuciosa bajo los postulados del Neoplatonismo. Es decir, si llevamos una vida recta, en los convencimientos de la fe cristiana y tomando ejemplo de las personalidades, tanto míticas como históricas, representadas en los medallones del zócalo, y trabajamos virtudes como la caridad, la justicia, la templanza o la fortaleza, encarnadas en la puerta, llegaremos a disfrutar de la fama, coronando así una vida de éxito, que será recordada con el paso del tiempo. Es ésta una bella manera de instruir al observador, mostrándole las verdades íntegras de una vida de superación, a través de una magnífica construcción, como es el edificio de San Marcos.

Uno de los presos ilustres que estuvo recluido en sus muros fue el famoso e irreverente escritor Francisco de Quevedo y Villegas. Encarcelado por orden del Conde-Duque de Olivares, pasó una larga temporada, casi cuatro años en una celda ubicada en una de las torres de la iglesia. A duras penas pasó su cautiverio, haciendo mención en sus escritos de la dureza del invierno leonés y de la humedad que sufría debido a la proximidad con el río. Durante su reclusión escribió “Vida de San Pablo”, “Constancia y paciencia del Santo Job” y la “Providencia de Dios”. El edificio ha quedado inacabado, las esculturas de la parte civil de la fachada que debían ir colocadas en las hornacinas nunca llegaron a confeccionarse, igual que una de las torres que enmarcaban la iglesia. Fue sede del Museo de León hasta la apertura de la sede actual en el edificio Pallarés.


Iglesia de San Salvador de Palat del Rey

Se trata de una iglesia de planta central, en concreto planta de cruz griega, de estética prerrománica/ mozárabe. El acceso al ábside se realiza por medio de un arco de triunfo de herradura, sujeto sobre dos columnas. Se sabe que tuvo dos ábsides enfrentados y sobre el crucero una cúpula gallonada, compuesta por doce gallones, que aún se pueden admirar.

La fábrica de San Salvador es muy pobre, pues está compuesta por mampostería, es decir, piedras irregulares, como cantos de río, y enlucidas con cal. En las diferentes restauraciones que sufrió el edificio, se encontraron enterramientos pertenecientes a la nobleza de la época.

El retablo, de pequeñas dimensiones por exigencia del tamaño del templo, es renacentista, de la escuela de Juan de Juni, y está dedicado al Salvador, advocación que coincide con la de la iglesia.

El templo se salvó de una demolición en el año 1910, gracias al estudio del arquitecto Juan Crisóstomo Torbado, quien se dio cuenta de la importancia y el valor histórico del edificio.

Un estudio sobre el mismo, realizado por el historiador Gómez Moreno, la incluye como una de las iglesias mozárabes más importantes de la Península y la vincula con la monarquía.

Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931. Actualmente es un edificio polivalente, en el que se pueden ver exposiciones, y si las necesidades lo requieren, también se puede celebrar culto.


Plaza del Grano

En la actualidad, únicamente se conservan algunos de los pórticos que en origen recorrían el perímetro de la plaza. En la parte más antigua, mantiene todavía pilares de madera y zapatas, como sistema de sujeción de las viviendas superiores. Lo más característico del lugar es el pavimento, a base de piedras pequeñas o guijarros, que le otorgan un carácter rústico muy peculiar. En el centro, podemos ver una hermosa fuente, alegoría de la unión de los dos ríos que bañan la capital: el Torío y el Bernesga, representados por dos infantes, de los que emanan los chorros de agua que la riegan, ambos abrazados a una columna central, que le aporta verticalidad al conjunto.

En la plaza, podemos ver una cruz de piedra, haciendo referencia a una leyenda que cuenta que en este lugar apareció una escultura de la Virgen María entre unas zarzas un 8 de febrero.

La plaza del grano es punto neurálgico de la Semana Santa leonesa. Por ella, pasan pasos y penitentes de las distintas cofradías de la ciudad, haciendo que se congreguen multitud de personas para disfrutar de esta semana de Pasión.


Iglesia de San Marcelo

La iglesia de San Marcelo es una iglesia renacentista de la segunda mitad del siglo XVI, muy del gusto italiano, inspirada en la arquitectura de Palladio. Se trata de un templo de plan central, es decir, no tiene planta de cruz latina, sino que su forma es más compacta, debido también a sus reducidas dimensiones y a su carácter conmemorativo.

De gran interés es el retablo barroco de estilo churrigueresco, en el que se representa a San Marcelo (escultura central realizada por Gregorio Fernández), Santa Nonia y todos sus hijos también santos. Imperdonable sería perderse el Cristo de los Balderas, obra de incalculable valor, que se custodia en la capilla de su mismo nombre y que es imagen titular de una de las cofradías de Semana Santa de la capital. Además, a los pies del retablo, destaca la arqueta relicario de plata labrada, obra de Hernando de Argüello, fechada en 1627, que contiene en su interior la arqueta original de madera decorada con aguamarinas y plata, donde descansan los restos de San Marcelo.

San Marcelo no sólo tiró la espada al suelo, también arrojó, según cuenta la leyenda, un sarmiento de vid, símbolo de su rango militar. Esto lo hizo en medio de un sacrificio y juramento de toda la tropa, del que evidentemente él discrepaba. San Marcelo no fue el único mártir de la familia, su mujer y sus hijos murieron todos ejecutados. Cuando se trajeron las reliquias del santo, no sólo salió a recibirlas el pueblo de León, sino que estuvo presente el propio Fernando el Católico.

La iglesia posee cuatro candelabros del siglo XVI que estuvieron en el Concilio de Trento. Durante las fiestas de San Froilán, existe una tradición que se repite cada año, la de entregar dos hachas por parte del alcalde al párroco de San Marcelo.


Catedral de León

La catedral de León tiene planta de cruz latina de tres naves (la central más ancha y alta que las laterales), todas ellas cubiertas por bóvedas de crucería simple, de ahí que se la considere como la más francesa de todas las catedrales hispanas. También posee girola o deambulatorio y cabecera poligonal, a la que se abren las cinco capillas de forma hexagonal.

En alzado, destacan los arcos apuntados que separan las naves. No tiene tribuna pero sí triforio, que recorre todo el perímetro (esto la hace única en España). En el claristorio, los enormes vitrales tamizan la luz del exterior, convirtiendo el interior en un espacio sobrenatural. La apertura de estos grandes ventanales es posible gracias a las bóvedas de crucería, que permiten levantar naves más altas y distribuir el peso entre contrafuertes y arbotantes. Esta sustitución de los muros por vitrales se resuelve de manera grandiosa en la catedral leonesa. Al contrario que en el Románico, donde los capiteles poseían un peso importante en la decoración, en el Gótico se simplifican, puesto que no están al alcance de la vista.

Del exterior destaca el pórtico occidental transitable. En él, se abren tres portadas abocinadas profusamente decoradas con escenas del Nuevo Testamento a modo de enseñanza, para los fieles que en su mayoría no sabían leer y de esta manera eran ilustrados. La central, dedicada al Juicio Final, tema muy recurrente en la Edad Media. En su tímpano, cuyas escenas se disponen de manera horizontal, típico del gótico, se presenta un Cristo Majestad, que nos muestra sus llagas de la Pasión, flanqueado por los ángeles, que portan los instrumentos de la misma (atributos) y a su vez acompañados por la Virgen y San Juan. En la parte inferior, vemos los que se salvan esperando para subir al Cielo y los que están condenados ya en el infierno. Las figuras de los condenados y los redimidos se continúan en las arquivoltas de los arcos. Presidiendo el parteluz, la dulce y exquisita figura de la Virgen Blanca (ésta es una copia, pues la original se encuentra en el interior, en su propia capilla). Componen también esta portada las figuras de los Apóstoles en las jambas de la puerta. Otros temas también neotestamentarios decoran las puertas laterales, dedicadas a San Juan, la izquierda, en la que se representan escenas de la Natividad, huida a Egipto, Adoración de los Magos y Árbol de Jesé (genealogía de Cristo), y la derecha, dedicada a San Francisco, en la que se describen la Dormición, Ascensión y Coronación de la Virgen.

No nos podemos olvidar en este pórtico transitable, de un hito civil como el Locus Apellationis (lugar de apelación). Dado que en la Edad Media, vida religiosa y vida civil se entremezclaban, este lugar se concibió para celebrar juicios. El rey, máxima autoridad civil, impartía justicia en este lugar frente a los ojos de todos los ciudadanos, de ahí se explica también que aparezca en esta portada la efigie de justicia portando sus atributos: la espada y la balanza.

En la portada sur, se abren también tres puertas. La puerta central, dedicada al Juicio Final, tiene gran parecido con la puerta del Sarmental de Burgos, por lo que es muy probable que el maestro que la ejecutó fuera el maestro Enrique. Esta puerta está presidida por Cristo Majestad rodeado de los Tetramorfos (representación simbólica de los Evangelistas) representados en sus pupitres, es decir aparecen doblemente en el tímpano, de manera real y de manera alegórica. Debajo, aparecen ancianos tocando instrumentos musicales, que representan simbólicamente la música de las esferas celestes. Las otras dos puertas están dedicadas a la muerte, la que quedó inacabada, y a San Froilán, patrono de la ciudad, en cuyo tímpano se explica el traslado de las reliquias del santo desde el monasterio de Moreruela a León.

Muy curiosa es la portada norte, llamada de la Virgen del Dado por ser la que preside el parteluz. Es la única que conserva policromía, aunque se cree que es posterior, del siglo XV. Esto nos hace ver, de una manera más fidedigna, cómo eran realmente las catedrales en época medieval, estando todas ellas pintadas con vistosos colores. En su tímpano, vemos a Cristo dentro de una mandorla sujetado por ángeles, que a su vez rodean los Evangelistas. En las jambas, destaca la escena de la Anunciación.

Con respecto al interior, sobresale el coro, obra en madera de nogal fechada en el siglo XV, en la que trabajaron Juan de Malinas y el maestro Copín. En él, además de la factura delicada y elegante de las figuras bíblicas, destacan las imágenes de las misericordias -también llamadas paciencias-, que son una especie de ménsulas de apoyo para los momentos en que el asiento no está abatido, decoradas muchas de ellas con imágenes de temática sexual.

El trascoro, obra renacentista, está adornado por relieves en alabastro relativos a la infancia de Cristo, realizados por el artista Esteban Jordán.

Preside el altar mayor el retablo de estilo gótico flamígero de Nicolás Francés, en el que se narran tres historias distintas: la vida de San Froilán, el traslado del cuerpo del Apóstol Santiago y la Presentación de la Virgen. Debajo del altar, la arqueta que contiene las reliquias de San Froilán, obra en plata labrada por el maestro platero Enrique de Arfe.

A destacar dentro del templo y del estilo gótico flamígero, es la capilla de la Virgen del Camino, donde las bóvedas se complican descansando sobre grandes ménsulas historiadas y cuya decoración es más profusa y abigarrada en su puerta de acceso. Además, en la puerta del Cardo cercana a la girola, encontramos otro ejemplo de este tipo de decoración.

Impresionantes y principal foco de atención son las vidrieras, repartidas en 134 ventanales y 3 rosetones, y realizadas entre los siglos XIII, XIV, XV y XVI, aunque también hay añadidos y recuperaciones del siglo XIX. En los ventanales que se abren en las naves laterales, vemos elementos vegetales, terrenales; en la parte del triforio, escudos nobiliario; en la parte del claristorio, escenas bíblicas. Para diferenciar las originales de época medieval del resto, el visitante sólo tiene que fijarse en el tamiz de la luz, cuanto más tamizada sea, más perfectas y antiguas son las vidrieras. Existe la posibilidad de verlas de cerca, gracias a la plataforma ubicada en el exterior de la zona norte, al lado del acceso al Museo Catedralicio. Gracias a ella, se pueden admirar los vitrales con sus grisallas y multitud de detalles, que desde el suelo resultan menos llamativos.
Los restos de las termas romanas se pueden ver gracias a la Cripta arqueológica de Puerta Obispo, lindando con la catedral en su parte sur.

El rey Ordoño II se encuentra enterrado en la catedral. Su sepulcro se puede ver en la parte central de la girola. Con este dato se rompe la tradición regia de enterrarse en el Panteón Real de San Isidoro de León. Una de las leyendas más conocidas de la catedral leonesa es la del “topo”, un animal monstruoso, que mientras se construía el edificio echaba abajo durante la noche todo el trabajo realizado por el día. Sin duda, un recurso para esconder los enormes problemas estructurales y de cimentación, frente al descontento popular. Según cuenta la leyenda, la muerte del topo fue brutal, a garrotazos, y se colgó su piel sobre la puerta de San Juan, a modo de ofrenda a la Virgen. En el siglo XX, se descolgaron los restos del topo y se verificó que se trataba de una concha de tortuga laúd. Aunque pueda parecer sorprendente, no lo es tanto, puesto que los primeros museos nacen en el seno de los edificios religiosos, y allí se acopiaban multitud de objetos, no sólo artísticos o elementos de ajuar litúrgico, sino también elementos exóticos.

La portada de la Virgen del Dado se llama así porque ocurrió un milagro cuando un jugador tuvo mal perder y tiró con furia el dado con el que jugaba, golpeando este la cara del Niño Jesús, de cuya mejilla brotó sangre. No es habitual encontrar claustros en la parte norte, y la catedral es donde lo tiene a pesar del clima leonés. Lo ideal es haberlo colocado al sur, donde la temperatura es más cálida. Las esculturas de las jambas de la portada occidental discrepan mucho en su manufactura por lo que se cree que no estaban proyectadas para esta zona.


Casa Botines

El edificio de planta trapezoidal está enmarcado en cada una de sus esquinas por torres cilíndricas, rematadas por puntiagudas agujas. Rodeando el perímetro del edificio se construyó un pequeño foso completado por una reja. Para su construcción se utilizó piedra de cantería caliza confeccionando un vistoso almohadillado, que crea una textura rugosa donde la luz vibra en su superficie, formando un contrastado claroscuro. Este detalle propio de construcciones medievales y renacentistas, hace que la fachada no se convierta en algo liso y carente de de dinamismo, sino de todo lo contrario, le otorga energía, carácter y una vivacidad muy recurrente en Gaudí, solo rota por los ventanales apuntados y polilobulados. Dando protagonismo a la puerta principal, se encuentra la escultura de San Jorge y el Dragón (un dragón muy peculiar, pues tiene forma de cocodrilo), que realizó el escultor Llorenç Matamala. El tejado de Botines es de pizarra negra, lo que hace resaltar de una manera muy elegante la piedra de la fachada. El interior del edificio es un espacio de ensayo para soluciones arquitectónicas futuras en la obra de Gaudí y no obedece a ningún esquema o pauta, como viene siendo habitual en su trabajo, con espacios caprichosos y únicos. Estas innovaciones técnicas se hacen patentes en la planta baja, donde utiliza 28 pilares de forja, dotando al espacio de una facilidad deambulatoria muy útil para lo que estaba concebido en su origen, como almacén de telas. De este modo, el espacio está regado por la luz natural, hay mayor ventilación y se facilita la labor comercial. Es lo que se conoce como planta libre, una forma de construir que sienta cátedra para futuros locales comerciales y grandes superficies. Todo elemento, muro, vano o columna, están totalmente meditados y proyectados desde la óptica gaudiniana. 

Los trámites de compra del solar donde se enclava la edificación fueron convulsos, pues el terreno pertenecía a la Diputación de León.

Un vecino se quejó al Ayuntamiento, porque no le gustaba la idea de que un edificio de la características de la Casa Botines robara protagonismo a la vieja Diputación.

Durante la restauración de 1931, se eliminaron 7 de los 28 pilares que sustentaban el techo del sótano. En 1950, se hicieron unas obras con las que se pretendía eliminar la escultura de San Jorge y el dragón y sustituirla por la imagen de la Virgen del Camino patrona de la ciudad. Por suerte, esto no se llevó a cabo, pero resultó interesante que detrás de la escultura, metidos en un tubo de metal, antiguos documentos y planos de la construcción, así como unos periódicos locales.


Auditorio Ciudad de León

El Auditorio tiene una superficie de 9000 m2, divididos en tres plantas. En su interior, se puede disfrutar de una sala principal, donde se ubica el escenario y las localidades, que pueden variar de 600 a 1200. También cuenta con otras dos salas, que se suelen utilizar como salas de exposiciones. Lo que le hace más singular, es su fachada, realizada en mármol blanco. Con este material, Mansilla y Tuñón hacen recordar el pasado romano de la ciudad. Su apariencia, en forma de grandes cubos abocinados donde la luz y la sombra se alternan, resalta su fuerte carácter escultórico.

Fue finalista en el año 2003 del premio de arquitectura Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea.

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